
Como fichas de puzzle, así a veces veo mi vida. Sí, lo sé, no es muy original pero es la verdad. Compuesta de miles de piezas, con miles de colores y con miles de sensaciones y al final representando una imagen en la que sales tú con cara sorprendida al descubrir que la imagen del otro puzzle eres tú igual de sorprendido al descubrir que en otro puzzle... (bueno..y así sucesivamente...)
Da igual que te empeñes en empezar por los bordes y luego lo de dentro, separar por colores las piezas para luego afrontar por partes el rompecabezas o que lo hagas aleatoriamente. Al final se ve claro que no hay otro modo de afrontar el puzzle que es la vida que viviendo.
Hay trozos sencillos, que se resuelven echando un ojo a las piezas que vas encontrando en el caminar y hay otros que son como los cielos de los puzzles, o como un trozo monocolor... que en ocasiones llega a desesperar...buscas la pieza, la miras, le das mil vueltas y mientras sigues echando un vistazo a las demás por si alguna la puedes ir colocando.
En otras ocasiones tras llevar unas cuantas piezas puestas, te das cuenta que una (en la que dudaste un montón pero parecía que encajaba) no está en el sitio correcto...vamos, que el golpecito que diste para encasquetarla allí no era necesario. Simplemente, no era su sitio. Y tienes que volver atrás. Asumir que hay que esperar el momento para cada cosa y sobre todo el sitio de cada pieza.
Pero no deja de ser apasionante el ir mirando hacia atrás y ver la cantidad de puzzle construido, los huequitos que aún esperan sus fichas pero que sabes que aparecerán en cualquier momento porque ya se van quedando construidos al completo.
Y descubrir cada mañana el montón de fichas nuevas que esperan ser colocadas en sus espacios, en los tuyos, para mostrar su colorido, para lograr cobrar sentido, para lograr componer tu vida.
Sí, es como la vida... las personas mayores tienen menos piezas que colocar y con serenidad las van poniendo con la tranquilidad del que conoce, del que ha vivido y saboreado mil y un días. Mientras observan como los más jóvenes colocan las fichas con más pasión, arriesgando más en cada movimiento, con más impaciencia (aunque luego tengan que quitar la ficha del lugar equivocado).
Echo de menos hacer algún puzzle, echo de menos tener tiempo de ponerme frente a un maremagnum de piezas e ir colocándolas sin prisa, disfrutando cada momento, dejando que pasen los minutos sin más, descubriendo poco a poco la imagen que representa. Quizás por eso me gusta pensar que mi vida es así también...como un puzzle.
PD: ¿Dónde puñetas está la pieza que me falta?
3 comentarios:
Odio los puzzles, me desesperan! Donde esté esa bola mágica que me enseñe la imagen del puzzle ya hecha dentro de 20 años... (o 5) ;-P
Un hermoso texto y muy acertado sí.
Me encanta lo de hallarme con cada día piezas nuevas por colocar y así sucesivamente en el puzle sin fin. No, no deseo saber como quedaría el puzzle finalmente, dejaría de tener sentido.
Bueno esta noche colocaría la pieza del frío aunque sea a golpes :)
Un abrazo!
Fantástico simil de la vida misma comparándola con los enrebesados puzzles. Recuerdo que el último que hice era de 1000 piezas y lo liquidé en 5 días, si, estaba en el paro :D
Busca en ese maremagnun, por que la que falta está más cerca de ti de lo que piensas.
Un besiño!
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